ESAVE

Héroes del Aire

22 de julio de 2016

La mañana transcurría en relativa calma, era miércoles festivo y Pablito un niño de 8 años de edad no veía la hora de llegar al anhelado desfile del que con tanto orgullo le había hablado su padre en días anteriores. Era la primera vez que asistiría acompañado de su padre, quien le había relatado las historias más emocionantes de aquel acontecimiento. Se encontraban a pocas cuadras del lugar donde se llevaría a cabo la celebración de conmemoración de los 206 años del grito de independencia en Colombia.
Poco a poco las calles se fueron llenando de ciudadanos contagiados por el mismo espíritu patriótico, ese mismo que compartimos cada vez que juega nuestra selección o cuando escuchamos el logro académico o científico de algún colombiano en el exterior. Pablito, fiel seguidor de las tiras cómicas y aficionado a las historias de superhéroes, soñaba con poder conocer algún día a los verdaderos héroes, aquellos de quienes tanto hablaba su padre con alegría auténtica, pues en su momento había pertenecido a las fuerzas militares.

Esa gran ilusión del chiquillo fue nutrida por las intensas y maravillosas historias contadas a través de uno de sus protagonistas, su padre, ya retirado para quien también estos días históricos traían a su memoria sentimientos inigualables. El momento había llegado, ambos pasaron entre las multitudes para asegurarse el mejor puesto, desde el cual pudieran apreciar todo el desfile sin perderse ningún detalle. Pablito se sentía como el personaje principal de esas historias fantásticas que habitaban en su imaginación, su sueño se estaba haciendo realidad con el paso de cada una de las unidades militares; el imponente despliegue del evento, las marchas perfectamente coordinadas de los diferentes Batallones, la música de la banda sincronizada con cada movimiento. En resumen, cada pequeño detalle deleitó cada uno de sus sentidos.

Pero sin lugar a duda, el momento más impactante aún estaba por suceder, en cuanto empezaron a escucharse a lo lejos unos sonidos que anunciaban el sobrevuelo de 16 helicópteros de la revista aérea del Ejército, la felicidad se apoderó de Pablito, tanto así que se quedó sin palabras ante este espectacular desfile. Todos los asistentes volcaron su mirada perpleja hacia el cielo para contemplar este majestuoso despliegue técnico en honor a nuestra patria y a nuestra bandera. En ese justo momento, su padre le dijo muy de cerca lleno de admiración: Mira, ahí van nuestros héroes del aire. Pablito sonrió, lo abrazó y le dio gracias por este inolvidable día. Tanto el hijo como el padre sentían un mutuo afecto por las aeronaves, pero sobre todo por la gran labor de la Aviación del Ejército.

Al terminar el acto militar, el padre de Pablito le recordó que todos los 20 de julio se celebramos con orgullo todos los colombianos en innumerables actos conmemorativos una libertad ganada con trabajo, fuerza y valentía de manos de próceres y héroes que defendieron los derechos de los más desprotegidos y nos heredaron el amor y el tesón para luchar sin descanso por mantener ese gran legado. La Independencia de Colombia.
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